Lo saben todo sobre usted

Incontables cámaras de vigilancia escrutan sus movimientos. Ordenadores de capacidades descomunales rastrean sus huellas en la Red.
Entramos en un universo controlado por ‘hackers’, Gobiernos, empresas y traficantes de datos. Un paso más hacia el cumplimiento de la profecía orwelliana.

Reportaje El País Semanal, 9 de diciembre de 2015

s española, de mediana edad. Se levanta a las siete de la mañana. Activa su teléfono móvil para comprobar el correo electrónico. Las luces de un servidor parpadean a kilómetros de su casa. Mientras lee las noticias en su tableta, navega por Internet y apura su taza de café, otro disco duro registra cada clic en sus tripas informáticas. Los algoritmos de Google –cuyo navegador es el más usado en el mundo– registran cada migaja de información en sus máquinas: qué páginas ha visto o leído y a qué hora exacta, qué videos ha visionado, dónde se encuentra la usuaria. Nuestra protagonista tiene una presentación en la oficina y repasa el último borrador en su flamante iPhone. Una copia se almacena automáticamente en la nube. La nube no es algo etéreo: miles y miles de servidores se apilan en armarios descomunales. Discos duros refrigerados dibujan pasillos larguísimos en funcionamiento ininterrumpido dentro de búnkeres a prueba de terremotos y envueltos en un monocorde ruido que rompe el silencio.

Más rutina diaria. Subir una foto en Facebook. Responder a un tuit. Ir en el coche al trabajo. Cerrar una reserva en el restaurante mediante una aplicación y enviar un mensaje para cuadrar la cita con otros comensales. El GPS del móvil rastrea la localización cada segundo. Otra aplicación hace que un servidor conozca los teléfonos móviles de todos sus contactos de chat. El móvil escupe sugerencias sobre otras personas a las que conocer. Un poco de deporte antes de ir al trabajo permitirá que la cinta wifi atada a la muñeca transmita al móvil el número de pasos, pulsaciones, el ritmo cardiaco y la temperatura de su piel, memorizados en otra máquina. Su teléfono sabe dónde está con un margen de error de menos de un metro. Lo mismo ocurre con los comensales del almuerzo.

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